Cuando en el Congreso de los
Diputados existe una SubComisión que está analizando las propuestas de reforma
electoral aportadas por todos los grupos, PODEMOS y CIUDADANOS se descuelgan
con un grupo propio de trabajo para trabajar en “su propia propuesta de reforma”.
Más allá de que una reforma de lo
que conocemos como las “reglas del juego” nunca ha tenido éxito cuando se ha
planteado con premisas de parte, sino cuando los diferentes actores se han
sentado de manera honesta para abordar conjuntamente dicha reforma, la intención
de los grupos de la nueva política dista mucho de mejorar la calidad
democrática de nuestro sistema político, sino de mejorar su propia
representación.
Antes de analizar lo que conocemos
hasta ahora, principalmente la “interesada” propuesta de PODEMOS, dejemos
claras algunas cosas.
No, un sistema más proporcional no es más
democrático que otros. La calidad democrática de un sistema electoral viene
determinada por la forma en la que ese sistema ha sido adoptado y si el
producto del mismo responde a estándares compartidos de calidad del voto y la
representación. Negar esta realidad, es negar el sello democrático a sistemas
como el británico (voto mayoritario en distrito uninominal), al norteamericano
(diputados por distrito) u otros.
·Sin negar que un sistema electoral debe observar
la proporcionalidad como valor, hay otro no menos importante que es garantizar
la conformación de gobiernos, la estabilidad. En sistemas presidenciales es menos
relevante, pero en sistemas parlamentarios es fundamental.
Dicho esto, y al margen de otras cuestiones
como la obligatoriedad de debates electorales, temas de campaña o el voto
rogado, lo más relevante de la propuesta anunciada por PODEMOS es, atención, un
cambio de fórmula (de D´Hont a Sainte-Laguë) que garantice que,
con los mismos votos que tienen, tanto ellos como CIUDADANOS obtengan más
diputados que los actuales y PSOE y PP menos.
Esta no es una reforma contra el
PP es una reforma contra la estabilidad. Las proyecciones del 26-J, puestas
como ejemplo restan más escaños a PP que PSOE, pero si se utilizara como
ejemplo cualquier victoria de Zapatero, el resultado sería al revés. Es decir,
los partidos más pequeños, tienen un interés directo en la propuesta al mejorar
su representación y, además, demuestran que su vocación no es el Gobierno, sino
influir en los gobiernos o dificultar, simplemente, su formación.
Para intentar darle cierto rigor
a la propuesta ponen ejemplos de países donde la fórmula Sainte-Laguëes
aplicada dando lugar a parlamentos más proporcionales, “más democráticos”. Pero
obvian que estos países difieren en su sistema electoral en muchos más
aspectos:
·En Suecia para reducir el riesgo de
fragmentación hay una barrera electoral del 12% en la circunscripción o el 4%
en el conjunto del país. En España es el 3% y a estos mismos grupos les parece
mucho.
·En Dinamarca, al igual que en otros países
nórdicos, hay tradición de pactos, además de tener un sistema con listas
abiertas o, una población total similar a la Comunidad de Madrid. Recordemos
que Asamblea de Madrid con 129 diputados, o los 36 que se eligen al Congreso de
los Diputados garantizan la práctica proporcionalidad.
·En Alemania tuvieron una representación proporcional
pura durante la República de Weimar (1919 - 1933), más justa imposible, pero la
cambiaron porque dio lugar a un sistema
partidario fragmentado y a la formación de gobiernos inestables. Hoy
aplican la famosa fórmula Sainte Lagüe, pero dentro de un sistema de doble votación,
una para votar al diputado de distrito (300 diputados) y otros 300 se deciden
en lista por circunscripción. Es un sistema que trata de compensar, pero un sistema
no exento de críticas por su propia complejidad.
·Nueva Zelanda es otro de los ejemplos. Lo que no
cuenta es que su apuesta proporcional con Sainte Lagüe nace en 1993 dejando
atrás un sistema mayoritario de distritos uninominales. Nada que ver con
España. Hoy en día es un sistema no menos cuestionado por provocar gobiernos
menos estables y menos eficaces.
En España, cada 4 años, abordamos
elecciones municipales en los más de 8.000 municipios, y más allá de la fórmula
de reparto, nadie cuestiona la proporcionalidad de esa elección. Lo que muchos
olvidan es que para garantizar la formación de gobiernos locales, existe una cláusula
que garantiza que de no haber mayorías absolutas en la constitución, se
convierte en alcalde el candidato de la lista más votada.
Un sistema electoral debe tener
en cuenta factores diversos: historia, cultura, tamaño del país, fórmula
electoral, barrera, circunscripciones etc. El éxito del modelo depende por
tanto de la coherencia con la que se engarcen todas esas piezas. Pretender
modificar un sistema, simplemente por “copiar” una fórmula de reparto más
favorable, no sólo es una chapuza legislativa, sino que demuestra la clara intencionalidad
que hay detrás.
En definitiva, PODEMOS y
CIUDADANOS pretenden aunar esfuerzos y ofrecer una propuesta conjunta. Es legítimo.
Pero que ni ellos, ni sus voceros, pretendan convencernos de que hay una
motivación altruista de mejora de nuestra calidad democrática, adaptando
nuestro sistema electoral a la realidad política y social. Es más, no hay mayor
muestra de la flexibilidad y acierto del modelo actual que el hecho de que es
este sistema el que permite a formaciones inexistentes hace 4 años tener un
peso relevante en el Parlamento.
(*) En este lamentable proceso
rupturista del Gobierno de la Generalitat junto a los partidos independentistas
y el impagable apoyo de PODEMOS, uno de los mantras con los que juegan en su
relato dentro de nuestro país es poner la diana en el Partido Popular.
Recordemos “el partido popular encarcela” “el partido popular manda a la
policía” “el partido popular activa el 155” “el partido popular recorta
derechos” “el partido popular da un golpe” etc.
No niego que les sirva en su
estrategia movilizadora, pero es el mayor de los engaños al que tienen
sometidos a los ciudadanos catalanes. España es una democracia consolidada, en
el que, con defectos, la Justicia funciona, impera el Estado de Derecho, se
respetan las instituciones democráticas, el Gobierno somete sus decisiones a
unas Cortes vivas y legitimadas para ejercer de contrapeso, un Tribunal vela
por la constitucionalidad de las normas, y son los jueces y sólo ellos quienes,
en última instancia, deciden sobre investigados y sobre el papel de los Cuerpos
y Fuerzas de Seguridad para hacer cumplir la ley. Es bastante triste tener que
recordar esto, pero no lo es menos tener
que defender nuestra democracia frente a quienes pretenden equipararla a
regímenes totalitarios actuales muy
alejados de cualquier estándar democrático.
El Gobierno de Mariano Rajoy ha
hecho y está haciendo lo que cualquier gobernante democrático haría en España,
defender la unidad, la Constitución y el imperio de la ley, y actuar o instar
las actuaciones necesarias para restaurar la normalidad democrática allí donde
alguien la haya cercenado. Para ello, en una democracia como la nuestra, poco
puede hacer un Gobierno si no es con el parecer favorable de los Tribunales o
de las Cortes en la parte que les corresponda. Y por ello, simplificar en el PP
cuando los pasos dados, no es que cuenten con el apoyo de casi 3 / 4 partes del
Congreso o más del 80% del Senado, es que los pronunciamientos de Tribunales, y
las entidades más representativas de nuestro país van en la misma dirección, y
el diagnóstico y las medidas son compartidas por todos los países de la UE y
las más altas instancias comunitarias. Por lo tanto, quienes pretenden situarse
frente al PP, saben que no es el PP que es todo el Estado Democrático a quienes
se enfrentan si siguen por esa deriva rupturista y carente de cualquier
legitimidad.
Evidentemente, no están solos en
este empeño. Generalitat, partidos independentistas y “entidades civiles
independentistas” regadas durante décadas con dinero público cuentan en este
viaje con un inestimable socio: PODEMOS y sus voceros. La ambigüedad inicial de
PODEMOS, hoy sólo mantenida por la incoherencia e inconsistencia de Ada Colau,
ha dado paso a una defensa sin tapujos del proceso. Pero no nos engañemos,
PODEMOS no está a favor de la independencia, o del derecho a decidir de los
pueblos, o de un referéndum pactado sólo para Cataluña. No, eso le da igual, o
dicho de otra manera, no buscan soluciones sino que este proceso y sus
derivadas son vistas por PODEMOS como la (¿última?) oportunidad para su asalto
a los cielos destruyendo los cimientos de nuestro sistema democrático y
convivencia.
Resulta bastante patético escuchar
a dirigentes de PODEMOS denunciar que la actuación del Estado es un golpe al
régimen del 78 cuando ellos nacieron para “acabar
con ese régimen”. Pero la realidad es esa, un partido que no sólo cabalga
sobre las contradicciones, sino sobre las desgracias de la gente para hacer
política y ganar votos incrementando el nivel de “cabreo”, está viendo cómo: en
España la justicia funciona, desde la Casa Real hasta cualquier nivel político,
seas del partido que seas, puedes acabar imputado, condenado y hasta pasar por
la cárcel; durante la crisis más severa conocida hemos mantenido los pilares
del Estado de Bienestar, con esfuerzo de todos sí, y con la responsabilidad
asumida por Ayuntamientos, Comunidades y Gobierno; y finalmente, en unas circunstancias muy
especiales, España está a la cabeza de crecimiento y creación de empleo. En definitiva,
su discurso, su relato apocalíptico se desvanece, pero le queda una baza, o
creen que les queda una baza. Todo lo que suponga socavar los pilar de nuestro
sistema democrático, la unidad, el imperio de la ley, el respeto de las
instituciones le viene bien a PODEMOS y, por lo tanto, toda “batalla política”
que pierda el Estado Democrático no es que sea una victoria de los
independentistas, sino que es una victoria para PODEMOS. Por eso se suman a
esta carrera independentista situando al PP como objetivo a abatir. Porque si
crecen con las desgracias, piensan que movilizan agitando a sus bases contra el
PP. Pero ellos saben, como los independentistas, que no es contra el PP, es
contra el Estado Democrático.
Es por eso que el valor más
determinante que tenemos los demócratas es la unidad. Unidad de acción y unidad
de mensaje. Unidad para responder al golpe democrático que supone todo lo
ocurrido desde el 6 de septiembre, unidad en el diagnóstico y en la respuesta,
y unidad en la certeza de que en una democracia todo es defendible, cualquier
aspiración es legítima, pero desde la ley y sólo desde la ley y el respeto a
nuestro ordenamiento jurídico y normas parlamentarias. Y sí, en ese marco
cuando quieran #Parlem.
Alfonso Serrano Sánchez-Capuchino
Portavoz Adjunto del Grupo Popular
en la Asamblea de Madrid
(*) Artículo publicado en esdiario.com el 25 de octubre de 2017
Ayer asistí junto a mis
compañeros del Partido Popular de Barajas a uno de los actos más sentidos que
tenemos en el barrio: el recuerdo de la muerte de Mari Luz Nájera. Para quien
no conozca su historia, durante las manifestaciones estudiantiles y el mismo día que la matanza de los abogados de Atocha en 1977, Mari
Luz fue la joven que murió por el impacto de un bote de humo de los
antidisturbios en la cabeza. Tenía 21 años.
(Se que uno de los mandamientos de un Blog es no extenderse mucho. Permítame estimado/a lector/a hacer un excepción pues el tema lo merece).
El recuerdo y y defensa de la
libertad y la democracia por parte de MariLuz en una de las etapas más convulsas de nuestra historia
se ha mantenido vivo gracias a su familia y a los vecinos del barrio entendiendo
por vecinos los que allí vivíamos y a las asociaciones. (Sí, estimado lector, existían vecinos y asociaciones en Barajas, antes de que llegaran los que dicen
“hablar en nombre de la gente”). Dicho recuerdo tuvo finalmente su merecido
reconocimiento en 2009 cuando se le dio su nombre a unos jardines del barrio y
se instaló un monolito en su recuerdo. Este hito tuvo 3 protagonistas: 1º su
familia con quien se contó desde el primer momento, 2º la Asociación AFAO que
ya en 1988 solicitó este reconocimiento y volvió a plantearlo en 2007 y 3º el
Concejal-Presidente del Distrito Tomás Serrano, uno de los concejales sino el
que más, más respetado y querido por los
vecinos.
No se trata de apuntarse nada, pero de cara a lo que sigue, sí que
conviene recordarlo: con una abrumadora mayoría del Partido Popular, Tomás
canalizó esa petición y la llevó adelante, contando con todos, uniendo a todas
las fuerzas políticas, sin sacar pecho de nada, porque Tomás es de esas
personas que trabaja para los vecinos, pero sin querer ser protagonista de nada,
porque el protagonismo era de ellos, de los vecinos, de MariLuz y su familia ¡cuánto
deberían aprender de eso algunos!
Pues bien, ayer se recordaba el
39 aniversario de su muerte. Otro aniversario más podría ser. Pero no. No lo
fue. Era el primer que se organizaba bajo el mandato de la nueva corporación
municipal encabezada en el distrito por la dirigente de PODEMOS Marta Gonzalez
Lahoz y tenían que dejar su huella, y doy fe que lo hicieron. Fue un infame uso
del recuerdo de MariLuz en 2 actos:
Acto1. Con el apoyo de la Junta Municipal, como no podía ser
de otra manera, tuvo lugar un acto en el Centro Cultural Gloria Fuertes, en el
que se proyectaba un video y había intervenciones. Era la primera vez que la
Junta asumía un protagonismo, ya que hasta entonces, el homenaje se dejaba en
manos de las asociaciones y vecinos.
La moderadora era un Vocal del
equipo de Gobierno y el video no era nuevo. Tenía al menos 4 años. Aquí se lo
dejo. La cartela inicial ya da una pista: CMI
Producciones.
En definitiva, lo “nuevo” en este
homenaje era poner un video viejo, de la Productora de PODEMOS que, más allá de
la condena y el reconocimiento a quienes murieron defendiendo la libertad y la democracia,
usaba la muerte de Mariluz para ahondar
en un revisionismo radical y en un
ajuste de cuentas sectario.
Posteriormente vino el coloquio
en el que participa la propia Concejala y un “representante de una asociación
relacionada con la memoria histórica.” La familia de MariLuz no habló. Y de
MariLuz los intervinientes hablaron poco. Vecinos, asociaciones y
representantes de todas las fuerzas políticas asistimos a un indecente mitin
hasta el punto de tener que oír que aquellos días del 77 no difieren mucho de
la España actual. (No me levanté en ese momento por respeto a la memoria de MariLuz
y a su familia, algunos de los cuales conozco).
¿Qué tiene que
ver la muerte de una joven en una época pre-democrática con el tipo efectivo de
impuesto que paga hoy una empresa del IBEX? En eso consistió parte del discurso
del representante de la memoria selectiva.
Del mismo modo
usó ese argumento claramente identificado con el ideario de PODEMOS: que la
Transición fue una traición, un pasteleo, un farsa. Poco menos vino a decir que las gentes de
izquierdas, aquellas que sí hacían oposición efectiva a la dictadura, que esas
gentes del Partido Comunista que se dejaron la piel en la Transición y, junto al resto, contribuyeron a una Transición
ejemplar y al nacimiento de nuestra democracia, que toda esa gente se vendió
por un plato de lentejas. ¡Qué fácil es insultar y revisar desde la comodidad
del año 2016 en un centro cultural junto al Campo de Golf de la Hinojosa!
39 años después de su muerte, 7
años después del reconocimiento oficial del Distrito, 7 años en los que la
concordia, el reconocimiento, el respeto y la memoria han impregnado estos
actos, asistí al miserable uso de quienes pretenden no solo reescribir la
historia, sino ajustar cuentas no se sabe con quién. Asistí a la displicencia,
las miradas y el rencor de algunos de los presentes por la asistencia de
quienes con aciertos y errores han trabajado durante estos 20 años (muchos sin
cobrar un €) por Barajas y sus barrios, por la asistencia de quienes dieron
forma a ese reconocimiento y cuyo compromiso con la democracia y con la figura
de MariLuz ha sido intachable todos estos años. Son precisamente esos discursos,
de representantes públicos y personajes sectarios que los acompañan, lo que
hace pervivir el rencor, el odio y la división, elementos que cada día forman
más parte de su proyecto político.
Acto 2. Tras el mitin fuimos a los Jardines de MariLuz
Nájera donde un grupo de vecinos, que no “los vecinos” organizaba el homenaje
que consistía en recitar unos poemas y dejar junto al monolito unas flores “moradas”.
Tampoco tomó la palabra nadie de la familia.
Ese acto fue el ejemplo de las
consecuencias que se buscan con ese torticero uso del dolor. Una chica muy joven, quizá de entorno a 25 años no
lo sé, recitó 2 poemas, obviamente no elegidos al azar.
Empezó con uno de Benedetti, “Reconciliaciones”.
Os dejo algún extracto.
Puedo reconciliarme
con la luna tediosa y congelada
pero nunca podré reconciliarme
con los buhoneros de la muerte
[…]
nunca podré reconciliarme
con los depredadores de mi gente
el aguinaldo de los delatores
la desmemoria de los fusileros.
Y siguió con uno de Neruda con un
título que lo decía todo: “Los enemigos”
[…]
Por esos muertos, nuestros muertos,
pido castigo.
Para los que de sangre salpicaron la patria,
pido castigo.
Para el verdugo que mandó esta muerte,
pido castigo.
Para el traidor que ascendió sobre el
crimen,
pido castigo.
Para el que dio la orden de agonía,
pido castigo.
Para los que defendieron este crimen,
pido castigo.
No quiero que me den la mano empapada con nuestra sangre.
Pido castigo.
No los quiero de embajadores, tampoco en su
casa tranquilos,
los quiero ver aquí juzgados en esta plaza,
en este sitio.
Quiero castigo.
Se me heló la sangre. Yo nací en
1976 y esa joven, probablemente no había nacido cuando yo entré en el Instituto
de la Alameda. Pese a su rostro angelical y su agradable tono de voz, no podía
dejar de pensar en qué ha podido vivir esa chica, que le han contado, de qué
odios y rencores se rodea para que en pleno 2016 recite unos versos con una
mentalidad revanchista y pre-democrática. Dirán que es poesía, pero la poesía
dice mucho y unos versos no se eligen al azar. Si me la encontrara de nuevo me
gustaría preguntarle: ¿a quién quiere castigar? ¿a aquellos que lucharon por la
democracia que hoy disfruta? ¿a los hijos o nietos de algún dirigente ya
fallecido? ¿Qué mano no quiere estrechar? ¿la de socialistas honestos que
contribuyeron a crear este estado de bienestar? ¿la de familiares de dirigentes
populares que dieron su vida por la libertad que ella goza para decir esos
versos? ¿la mía por tener unas ideas políticas distintas a las suyas?
Este sectarismo, odio y división
en un pequeño distrito de Madrid ¿pasa en todo Madrid? ¿Pasa en otros sitios? ¿Es
esto lo que nos ofrecen los que dicen ser “pueblo”, los que dicen ser “gente”?
¿Los de la sonrisa y la alegría?
Lo vivido ayer por la mañana ha
terminado de agitarme en estos días de tanta incertidumbre. Los partidos que
han tenido responsabilidades de Gobierno en estos casi 40 años de democracia
han cometido errores y los han pagado, lo están pagando. Lo pagan en las urnas,
lo pagan en la crónica social, lo pagan quienes ponen la cara y tienen que
aguantar la crítica, cuando no el insulto o la agresión. Pero esa suma de
errores no echa por tierra el gran trabajo de una inmensa mayoría de políticos
honrados y comprometidos con la democracia, y desde luego ninguno de esos
errores resta un ápice de legitimidad a las sucesivas Cortes Generales que se
han constituido. Allí, ahí dentro, siempre ha estado la representación de la soberanía,
allí siempre ha estado representado el pueblo, la gente.
Por todo ello me niego a quedarme
impasible. Me resisto a que un proyecto sectario, radical y populista, no sólo
ponga en riesgo la recuperación económica y el bienestar social de mi país,
sino que logre inyectar el virus del rencor y el odio en mi gente, en mi generación y en las que me sucedan. Es indignante que quien fomenta estos sentimientos y división para apuntalar su visión sectaria de nuestra democracia, no sea precísamente una generación de
políticos cuya experiencia en dictadura sea la vivencia personal pasada en
España, sino el asesoramiento y el compadreo con otras actuales.
No podemos rehuir ningún debate,
ni permitir que reescriban la historia común. No es gracias a ellos que tenemos
una democracia consolidada, sino a pesar de gente como ellos, que buscan más lo
que nos divide que lo que nos une. Hay muchas cosas que me separan de mis
adversarios políticos, pero nunca he pretendido su aniquilación. Siempre he
pensado que por encima de grandes e insalvables diferencias ideológicas hay un
tronco común que nos une: la unidad de España, la unidad de los demócratas, la
libertad o la igualdad. Por eso quienes somos demócratas, quienes discrepando
respetamos al adversario debemos estar unidos, debemos aprender de los errores
y ser capaces juntos de seguir construyendo y reformando nuestro país, un país
con sus luces y sombras, con su historia, con sus momentos épicos y sus desastres,
pero en definitiva, seguir construyendo un país del que, como ahora, yo me
sienta orgulloso de pertenecer: España
P.D.Puestos a elegir, me quedo con este video, este sí hecho por una "asociación real" del Distrito en recuerdo al día en el que se inauguraron Jardines y placa. Todos juntos, asociaciones, vecinos y formaciones políticas, el barrio unido en torno a un símbolo MariLuz y una idea compartida: democracia y libertad
P.D.2 Se que no hace falta, porque ellos saben que quienes forman parte del Partido Popular de Barajas con su Presidente Tomás al frente, hemos estado a su lado estos años, pero nuevamente mi respeto a toda la familia de MariLuz. Hay miradas y gestos que se explican por sí mismos. Y sinduda su dignidad y respeto está muy por encima de quienes se dan golpes en el pecho y reparten carnets de demócratas. Ojalá el próximo año ésten a la altura que la figura de MariLuz merece.
P.D.3. De la mañana de ayer me queda eso sí un entrañable recuerdo. Mi reencuentro con Teresa mi profesora de EGB del Colegio Guadalajara, a escasos metros de los Jardines. Marta, compañera mía de clase y sobrina de MariLuz, me avisó de su presencia. Doña Teresa me recordó algunas de mis picias (me asombra la capacidad de recuerdo con sólo decirle el nombre) y la contesté de Usted no sólo por respeto sino porque 30 años después, súbitamente, se me acumularon los recuerdos y por encima de todos uno: ¡lo que me imponía Doña Teresa!. Su respuesta me sigue martilleando en la cabeza. Fue algo así como: “Alfonso, no pienso tratarte de Usted aunque seas diputado. Has sido alumno mío y ahora como representante político te debes a nosotros”. Como una madre regañando y aleccionando y con toda la razón. Fue la penúltima lección de Doña Teresa, un reconfortante ejercicio de “memoria histórica infantil” y un mandato claro para agitar mi conciencia.
Escribo estas líneas cuando
todavía no sabemos quién gobernará en la Comunidad de Madrid. Pero el pasado 9
de junio se inició la X Legislatura en la Asamblea de Madrid y también se
inició un nuevo tiempo político en el que seguramente muchas cosas cambiarán.
Lo primero y más evidente es que aún
siendo una vez más el Partido Popular la formación política que más apoyos ha
recibido, será una Legislatura sin mayorías absolutas en la cámara y por tanto
en la Mesa. Nadie tendrá capacidad de veto o de imposición, serán tiempos de
diálogo, de buscar acuerdos y puntos de entendimiento y esto por tanto, en un
sistema parlamentario, le da un valor mayor a la cámara que cuando el grupo que
sostiene al gobierno tiene mayoría absoluta. Es lo que han querido los
ciudadanos y posiblemente sea algo bueno.
Estamos ante un tiempo nuevo en
la política local, autonómica y nacional. La crisis económica y social también
ha afectado a la política y quienes aspiramos a seguir representado a la gente
y que nuestros vecinos se sigan identificando con nosotros, debemos adaptarnos y
cambiar de la mano de la sociedad. Pero
lo que no podemos permitirnos es que esa crisis, también afecte a valores propios
de un sistema político democrático, sólo por el hecho de que algunos (muy
activos pero que siguen siendo minoría) pretendan convertir la sede de los
madrileños en un circo para sus intereses partidistas o en modelos copiados de regímenes
de dudosa calidad democrática.
Durante esta sesión constitutiva
de la Asamblea, los Diputados electos de PODEMOS nos deleitaron con una
recurrente salida de tono a la hora de jurar/prometer la condición de diputado.
Se nos pide, a todos, que respondamos con un SI juro/prometo. Nada más. Pero
ellos quisieron dar la nota apostillando una frasecita de marras cargada de
poesía pero vacía de sentido. No seré yo quien me aferre al Reglamento de la
Cámara. De hecho la pluralidad de esta Asamblea y la ausencia de mayorías
claras provocará seguramente un cambio en el Reglamento, un cambio que sin duda
ahondará en la agilidad a los debates, en poner el foco en esta cámara, o en
hacerla más transparente y más cercana a los ciudadanos. Yo estoy totalmente a
favor de eso. Pero los nuevos tiempos y convertir la Asamblea en el centro de
la acción política de Madrid no tiene nada que ver con convertirla en una
corrala, en una Comuna o en un combate de lucha callejera.
Quienes tenemos el inmenso honor
y privilegio de ser miembros de la Asamblea de Madrid y representantes de los
madrileños tenemos la gran responsabilidad de que esta cámara y quienes la componen,
todos, sea respetada y respetable. Sera nuestro trabajo en estos 4 años lo que
lo determine. Pero al margen de las diferencias políticas e ideológicas que las
hay y las habrá, al margen de los agrios debates y polémicas que como siempre
habrá en un parlamento vivo, tenemos la responsabilidad de guardar el respeto
institucional, la educación y la convivencia si de verdad lo que nos interesa
es el bien común de los madrileños.
Tenemos que respetar las normas
en tanto en cuanto no se cambien, tenemos que reconocer la legitimidad de
nuestro adversario porque están ahí porque los ciudadanos lo han decidido y
tenemos que respetar sus opiniones con la misma determinación con la que, democráticamente,
luchemos para que aquellas cuestiones que sean perjudiciales para la gente
nunca se lleven a cabo.
Personalmente estas son las
premisas con las que inicio mi segunda experiencia como diputado. Con humildad
ante el reto y con respeto hacia los representantes de las otras 3 formaciones
políticas, incluida PODEMOS. Quiero pensar que es y será recíproco. Lo que
pueden estar seguros es que mi respeto lo mantendré en tanto en cuanto ellos
respeten el lugar y la tarea en la que les han situado los madrileños. Creo en
la política y en su capacidad transformadora, creo en nuestro sistema político
con todos sus defectos que seguramente haya que cambiar, pero también creo en
el respeto al Estado de Derecho y a las reglas democráticas, las vigentes y las
que vengan. Por eso como demócrata quienes no respeten esas premisas y principios
básicos, no me tendrán callado, como seguramente les gustaría ante su agitación.
Me tendrán enfrente.
P.D. Mi compañero de escaño, ex
Presidente de la Asamblea, escritor y poeta, Juan Van- Halen escribía estos
días una Tercera en ABC que relata perfectamente el momento que estamos
viviendo. “El ingenio de antaño es grosería hogaño”, dice Juan, y continúa “Ahora
comúnmente en las descalificaciones se ha perdido la finura, y muchas ofensas
verbales o escritas comportan zafiedad”. Termina diciendo “Algunos creen, y en
ello se afanan, que la cacareada regeneración de la política se apuntala en la
bajeza y en la siembra del odio desde el rescate de un lenguaje guerracivilista
y maniqueo, y no en la lógica confrontación ideológica desde el respeto y la mesura.
Quienes así obran no tienen ideas defendibles, o no saben enfrentarse a sus
adversarios con argumentos, o algo peor: entienden la política y no menos la
democracia como un disfraz oportunista de su autoritarismo”.
Esta mañana he sentido la rabiosa
necesidad de actualizar mi blog algo abandono en este año tan apasionante. Y lo
hago para hablar de las elecciones. Pero no sólo eso. Lo hago sobre todo para
defender el derecho a que cualquier ciudadano, vote la opción que vote, no
tenga que recibir reproches morales, ni ser etiquetado de más o menos
demócrata. Y lo hago también para
compartir con Usted lo que está en juego el 24 de mayo. Me explico.
Seguramente no le hemos hecho todo bien, seguramente hemos hecho cosas mal, posiblemente a veces no hemos estado tan cerca de la gente como creíamos estar, también es obvio que la corrupción de determinadas personas de mi partido (hoy ya fuera de él) nos ha hecho perder apoyos y que la respuesta que se ha dado desde el Partido a veces no ha sido entendida o no ha parecido todo lo contundente que debiera ser. Todo eso es cierto, todo eso es posible.
Y no es menos cierto, yo al menos lo creo, que en los años más difíciles de nuestra historia democrática, los gobernantes del PP
en ayuntamientos, comunidades y en el Gobierno de España han tomado medidas muy
complicadas para seguir manteniendo nuestro sistema de bienestar, crear empleo
y recuperar nuestra economía. Es un hecho, con los matices y los “peros” que
queramos ponerle, que hace 3,4 años nos íbamos a la quiebra y estábamos al
borde del rescate total con las consecuencias
que eso hubiera supuesto; es una evidencia que, aún insuficiente, ya se crea empleo
cuando antes se destruían miles de puestos de trabajo cada día, y es un dato objetivo que de la recesión hemos
pasado a crecer. Por eso quiero reconocer el trabajo de los miles de concejales
del PP, de sus diputados y gobiernos locales y autonómicos, y por supuesto del Gobierno presidido por
Mariano Rajoy. Pero sobre todo ahí está el esfuerzo colectivo de una sociedad,
de unos ciudadanos que habéis estado haciendo
esfuerzos constantes y que sois los verdaderos protagonistas de esta
recuperación que está en marcha.
Y en este contexto, madrileños y
resto de españoles, deberemos elegir a nuestros representantes en todos los
ayuntamientos de España y mayoría de Comunidades Autónomas. Las encuestas dicen
que una mayoría de quienes confiaron en nosotros volveréis a hacerlo. Pero también dicen que una parte no lo hará y otra se lo está pensando.
Entiendo y respeto esas dudas. Por eso yo no voy a pedirle el
voto. Pero si le voy a pedir, desde la máxima humildad, que se tome un segundo
para 2 reflexiones.
En primer lugar que observe por
un momento cómo, en este contexto, hemos empezado a ver, en mítines, en tertulias de televisión y radio y en periódicos escritos y
digitales, a guardianes de la República, a defensores de las Revoluciones Bolivirianas, a adalides de la izquierda radical y a columnistas y altavoces de Frentes Populares,
no solo ejercer su legítima crítica a gobernantes que no piensan como ellos,
sino permitirse el lujo sectario de dar carnets de buenos y malos demócratas en
función de qué opción cojas el domingo. Esto es algo fundamental que nos diferencia
de ellos.
Nosotros,con mayor o menor acierto, podremos ser los mayores
críticos con opciones de izquierdas, denunciar los riesgos de coaliciones
manejadas por PODEMOS (aunque les pongan la cara de una adorable y respetable señora) o cuestionar la capacidad de quienes basan en la novedad y la inexperiencia
su proyecto político. Pero siempre respetaremos a quienes decidan votarlos, por
muy equivocados que creamos estén. Porque
por encima de cualquier diferencia, está nuestro compromiso con la democracia,
el respeto a las ideas del otro y la defensa del voto en libertad y en democracia.
Pero en cambio, este sector de la izquierda os
insulta y os desprecia, pero no os equivoquéis. No es porque podáis votar al
PP ahora, sino porque ya lo habéis hecho en otras ocasiones. Nunca han entendido cómo
sus gritos y agitaciones eran menores que las muestras de confianza que nos habéis
dado. Y no es que no lo entendieran, es que no lo respetaban. Son los que nos
equiparan con Bildu para limitar sus pactos, los que muestran un odio inusitado
hacia Aznar, los que no reconocen ni un solo mérito al Gobierno de Rajoy, los
que les gustaría que el PP no fuera el PP, sino unos palmeros de los
modelos políticos que ellos defiende, los que justifican el acoso a los políticos, a las sedes de un partido a instituciones democráticas como el Congreso o el Parlament de Catalunya. Pero lo que es más grave, es que son los
mismos que consideran que millones de votantes y cientos de miles de afiliados sois
incultos, de peor calaña y sin ningún tipo de sentimiento ni conciencia crítica, sólo
porque no pensáis como ellos.Lo dicen muy claro: podéis votar, pero nunca al
PP, porque si votáis al PP no seréis buenos ciudadanos.
Y es evidente que, si final y
legítimamente no renováis vuestra confianza en nosotros, el domingo ellos
serían los más felices, ellos serían los que celebrarían que el PP perdiera. Y
es lógico pensar que si el PP no gobierna en tu ayuntamiento o Comunidad lo harán
ellos, los suyos, los “buenos” con las
consecuencias que ello conlleva. De esta forma con tu no voto al PP, seguramente pienses que nos está castigando por algo o dándonos un toque de atención que respetaríamos y
asumiríamos, pero al mismo tiempo estarás premiando a quienes desprecian a los votantes y militantes de un
partido que ha sacado a España dos veces de la crisis y ha trabajado (y puesto
muertos) para que la libertad –de la que ellos también gozan- sea una realidad
en España.
Pero como ciudadano quizá a Ud eso
le de igual, es más, entendería que le diera igual porque Ud no entras en esas
cuestiones, porque a Ud. le preocupa el futuro y los problemas reales que
afrontas cada día. Por eso le dejo una segunda reflexión
Habrá quien quiera interpretar
estas elecciones como de apoyo o castigo al PP, de refrendo de las políticas
del Gobierno de España, de una Comunidad o Ayuntamiento o interpretarlas como cambio de
ciclo. Todo eso está muy bien. Pero
cuando el domingo acuda a las urnas, de ese voto dependen muchas cosas, cosas más importanets creo yo.
En Madrid por ejemplo (como en otras CCAA y ciudades) está en juego
que la escuela concertada siga como hasta ahora, pues si no gobierna el PP, el resto de formaciones
ya han dicho que lo modificarán, reducirán o eliminarán. Se vota también que pueda
seguir llevando a sus hijos al colegio público que usted decida, que tenga
libertad para elegir hospital, médico o especialista, que se baje el IBI y
otras tasas municipales o impuestos autonómicos que algunos anuncian van a
subir. Está incluso en juego que vuelva
el impuesto de sucesiones y donaciones y Ud tenga que pagar por una herencia
incluso más que el valor de lo que hereda. Le pondré un ejemplo, en Andalucía
el último año, 5.000 ciudadanos renunciaron a la herencia que les correspondía
porque no podían hacer frente a los impuestos que debían pagar. Hay quien está
a favor, pero nosotros creemos que pagar por una casa de nuestros padres o
abuelos por la que ellos ya han pagado es injusto y confiscatorio. Y por
supuesto, está en juego que sigamos creando las condiciones necesarias para abrir
más empresas, apoyar a los emprendedores y crear puestos de trabajo que es la
prioridad número 1.
El próximo 24 de mayo, todos los ciudadanos, también aquellos que hace 4
años confiaron en el PP, tienen en su mano el máximo poder en democracia, el
poder del voto libre. Un derecho y una responsabilidad que sirve para consolidar
o revocar gobiernos, pero que sobre todo sirve para confirmar qué modelo de
sociedad estamos construyendo, y qué queremos para nuestros hijos, familias y amigos. En definitiva, cuando acuda a votar el próximo 24 de mayo ¿qué es más importante? ¿Premiar o castigar a uno u otro partido?, ¿o su futuro y la seguridad y estabilidad de las personas que más le importan? Despues de años de recesión, crisis, sacrificios y esfuerzos, creo que eso es lo que está en juego ¿no cree?
Me despido.
Muchas gracias por
haber leído este extenso artículo. Y haga lo que haga el domingo, tiene mi más
sincero respeto. Sólo le pido una cosa más: Piense lo que piense sobre esta reflexión que comparto con usted, vote, vote a
quien quiera, pero vote. Y si finalmente opta por renovarnos su confianza, esté seguro que
puede hacerlo con la cabeza alta y con orgullo, porque este Partido y el proyecto político que representamos no es nada sin sus votantes y militantes y, con nuestras luces y sombras, aciertos y errores, estamos comprometidos a devolver esa confianza
con más esfuerzo, más trabajo y más transparencia que nunca, y estamos seguros
que estaremos a la altura que usted y el resto de ciudadanos merece.
Gracias
Alfonso Serrano Sánchez-Capuchino
Diputado del GPP en la Asamblea de Madrid y candidato nº36 en la lista del PP a la Asamblea de Madrid
Una
calle de Madrid. Martes por la mañana. Un coche para en un
semáforo y los peatones comienzan a cruzar el paso de cebra mientras
Springsteen lo acompaña como cada mañana.
Señores con corbata, una mujer con su maletín, una pareja de ancianos y… un
padre llevando de la mano a su hija (al colegio). Pasan frente al coche, y el
padre saluda al coche de al lado. Lo saluda efusivamente y le hace el gesto del
pulgar para arriba. La curiosidad hace girar la cabeza del conductor. Y a
quienes ve respondiendo al saludo y agradeciendo el gesto es a dos policías
nacionales en su coche.
No me lo han contado, no es
una historia, pues era yo el conductor.
Al verlo he recordado que había leído en varias
crónicas de esta semana cómo ciudadanos felicitaban a cualquier policía que se
encontraban, por la Operación Candy y por haber detenido al pederasta que tenía
atemorizado no sólo un barrio, un distrito
o una ciudad, sino a toda una sociedad en vilo. (*)
Hay
motivos de sobra para estar orgullosos de nuestras Fuerzas y Cuerpos de
Seguridad, nuestra reciente historia democrática está plagada de
ejemplos en los que Policía y Guardia Civil han cumplido la misión que el art.
104.1 de la CE les encomienda “proteger el libre ejercicio de los derechos y
libertades y garantizar la seguridad ciudadana”
.
Siempre
habrá una minoría (con altavoces a veces pequeños, otras más gritones) que pondrá
en duda su compromiso con las libertades y su defensa del Estado de Derecho. No
hablo de la crítica legítima a hechos puntales, hablo del cuestionamiento de
esas FyCSE, de las acusaciones de “opresión”, “estado policial” , de “policía
al servicio del Gobierno”. Acusaciones habituales de gran parte de la extrema
izquierda pero que se acentúan cuando quien gobierna no es un partido más o
menos de izquierdas.
Esa mañana al ver el gesto
me emocioné y recordé que, son estos
policías los mismos que tanto han hecho
(dejándose la vida literalmente) por la
lucha contra el terrorismo, los mismos que luchan contra el narcotráfico, contra la delincuencia organizada o contra la trata
de mujeres. Son los mismos. Son los
mismos que patrullan por la noche mientras nosotros dormimos. Son los mismos que protegen nuestras instituciones
cuando alguien pretende rodearlas u okuparlas. Son los mismos que se
infiltran en mafias, que guardan la espalda de nuestros representantes que así
lo requiere la ley. Los mismo que nos multan o nos hacen dar un rodeo incómodo
para no pasar cerca de una operación en marcha. Me emocioné como digo, y recordé lo que relataba brillantemente el periodista @manumarlasca en un artículo:
[…] la mayor parte de ese
equipo estaba formado por subinspectores, oficiales y policías, componentes
de la escala básica, la 'tropa' de la
Policía Nacional, a la que pocas veces damos el verdadero valor que tienen.[…]
A Antonio Ortiz se le acabó la suerte, porque el gimnasio al que acudió estaba vigilado por un policía del
Grupo de Atracos de la Brigada, uno de
esos agentes movilizados ante la importancia de la investigación, que acababa
su jornada en su destino y se ponía a las órdenes de los encargados de laoperación Candy.
Sí
señores. Son los mismos. Los mismos que vigilan sin que te des cuenta en la entrada de un colegio, en la calle
Preciados o en una manifestación.
¡Ojalá siempre tuvieran el
mismo reconocimiento!. Obviamente nos toca más de cerca (sobre todo a quienes
somos padres) cuando el peligro tiene alma de alimaña y la presa son nuestros
niños. Pero reconozco que me gustaría que
el sectarismo político de algunos no contribuyera cada 2 por 3 a tratar de
desprestigiar una de las instituciones que más valoramos los ciudadanos.
Ellos
velan por lo más sagrado, nuestras libertades y la vigencia del Estado de
Derecho. Sin esa garantía, la democracia es sólo una palabra con la que
rellenar discursos demagógicos. Por eso, pido humildemente, que nos acordemos de
todo, que son los buenos (sí tan simplista y tan cierto como eso), que
cuando aguantamos un atasco por un control, cuando intentan que las legítimas expresiones
ciudadanas se desarrollen por cauces normales y legales, cuando nos multan, en
definitiva, cuando su autoridad al servicio de la ley nos impida llevar al
extremo nuestro “libre albedrío”, pensemos que "esos" que tenemos enfrente, son los que, quizá, un día, quizá pueden salvarnos la vida
o la de un ser querido, pero todos los días trabajan para que vivamos en una democracia con plena libertad.
Es difícil en política, y más en
tiempos convulsos, lograr el equilibrio
entre el legítimo derecho de un Gobierno elegido con una amplia mayoría
absoluta a tomar las decisiones que estime conveniente, y la necesidad encontrar puntos de acuerdo
con otras formaciones para buscar soluciones en esta crisis.
Más difícil de entender es que,
quienes se pasan el día pidiendo que los partidos nos sentemos a pactar,
(principalmente a los dos grandes partidos) nos critiquen tras un acuerdo en el
que sólo estamos dos.
En política y en periodismo, hay
conceptos muy interpretables, pero hay otros que difícilmente pueden significar
algo diferente su definición. La soledad es uno de ellos, y viene a cuento del
reciente pacto acordado entre PP y PSOE para aunar esfuerzos en torno a una
posición común que fortalezca a España en torno al próximo Consejo Europeo.
Este era un pacto reclamado por
todos, formaciones políticas, medios y ciudadanos en general. Pero el hecho de
que en un primer momento haya sido firmado (todavía está abierto a nuevas
incorporaciones) por PP y PSOE no sólo ha sido criticado por quienes lo
reclamaban, sino que han llegado a cuestionar la representatividad de quienes
lo firmaban. Han dicho. “SE HAN QUEDADO SOLOS”. Comprobemos esa soledad:
El PP representa a 10.866.566
ciudadanos que nos votaron en noviembre de 2011. Esto supone el 44,6% de quienes votaron aquel día. Algo
acompañados sí estábamos. Sigamos. Esos votos se tradujeron en 186 escaños, lo
que supone el 53,14% de los 350 Diputados que se sientan el Congreso
representando la soberanía popular.
El PSOE con 7 millones de votos
(el 28,8% de los mismos) tiene 110 diputados, lo que supone el 31,4% de todos.
Que se hable de la soledad de un
partido u otro, cuando representan una
mayoría amplia de ciudadanos es cuanto menos curioso. Pero… ¿y si se sientan a acordar
un pacto? ¿A quienes representan?
Suman 296 de 350 diputados, es
decir el 84,5% de la Cámara expresión de la voluntad popular. Por no hablar de
los 17 millones de votantes, es decir, 3 de cada 4 españoles votaron por estas
formaciones. No conozco soledad más multitudinaria en un acuerdo político en
los últimos años.
Creo que los acuerdos entre los
grandes partidos son buenos, no sólo por mejorar nuestra representatividad,
sino por el bien común de España. Por el contrario, la ausencia de
pactos (que algunos reclaman pero critican cuando se producen) tiene un triple
efecto:
Enturbia más el clima social y político en
nuestro país. Algo que en teoría nadie quiere.
Beneficia a quienes hacen antipolítica desde
la política, y pretenden presentarse como salvapatrias y renovadores.
La calma, la tranquilidad, el acuerdo… no suelen
ser notica, no abren titulares, ni venden más periódicos… Es la “tensión” como
diría ZP lo que a veces nutre horas de radio y TV y rellena hojas de
periódicos.
Al margen de la cercanía con que
nos sientan los ciudadanos y del grado de desafección que exista (que yo no
niego) negar la representatividad de las instituciones democrática y libremente
elegidas es, en sí mismo negar la democracia. Hay quien está en ese juego y
niega que vivíamos en una. Lamentablemente hay numerosos ejemplos de países que
todavía hoy viven bajo la opresión, la dictadura y falsas democracias, y cuyos
ciudadanos anhelan un modelo político que sólo tuviera la décima parte de
nuestras libertades. Por eso deberíamos valorar más lo que tenemos, cuidarlo, y
desde luego, en un ejercicio de miopía política y egoísmo interesado, no
despreciar los acuerdos, pactos o puntos de encuentro que , quienes tenemos más
responsabilidad que nadie (los grandes partidos que gobiernan, han gobernado
y/o tienen opciones de hacerlo en el futuro) somos capaces de alcanzar.
Quedan días, y no habría nada
mejor para los intereses de España que más partidos se sumaran a dicho acuerdo.
Estamos a tiempo. Veremos qué actitud toma cada uno. Yo soy de los que piensan
que un pacto per se, no tiene porqué ser bueno, pero un pacto que fortalezca
una posición común ante el reto de la crisis en el marco de las instituciones europeas,
es una gran noticia, un ejercicio de responsabilidad y, por encima de todo, un
reclamo ciudadano que ambos partidos han sabido entender.
Hace tiempo que decidí no
generalizar en ningún aspecto de la vida, y menos en relación a ningún
colectivo. Ni todos los políticos son iguales, ni todos los periodistas, ni
todos los funcionarios, ni todos los taxistas… Por eso la denuncia que hoy hago
en el Blog no va contra toda la izquierda, sino contra una parte, porque mucho
tiene que pasar para que –ingenuamente quizá- siga pensando que una gran
mayoría de quienes se dedican a la cosa pública, ejerciéndola o contándola, no
practican la bajeza moral a la que algunos nos tienen acostumbrados.
Desgraciadamente, en las últimas
semanas ha vuelto una práctica deleznable que, como ciudadano y como diputado, ni
comparto, ni respeto, ni estoy dispuesto a aguantar de nadie.
La reciente historia política en
España tiene varios ejemplos en los que parte de esa izquierda -política y mediática- ha tratado de
echar sobre las espaldas del PP la muerte de personas en una actitud indigna.
Recuerdo esas manifestaciones (legitimas
por supuesto) por la Guerra de Iraq, pero en las que (con el apoyo de dirigentes
socialistas) algunos mostraban la cara de diputados del PP bajo una diana.
Recuerdo esas declaraciones
políticas y mediáticas en las que se culpaba a un Gobierno, a un Partido, de la
muerte de 191 personas en el atentado terrorista más grave de la historia de
España.
Recuerdo, con especial vergüenza y
repugnancia, como en la última etapa del Gobierno de Aznar, parte del PSOE
junto su red afín de asociaciones feministas, culpaban al PP de cada muerte por
violencia de género, ante la falta de una Ley Integral que nos vendieron como
la panacea.
Durante los años de Gobierno de
Zapatero han ocurrido muchas desgracias y dramas personales.
Hubo asesinados
por ETA, y nadie culpó a un Gobierno de la responsabilidad material de una
banda terrorista.
Casi 600, 600
mujeres fueron asesinadas por sus parejas (con la brillante Ley Integral en
vigor) sin que nadie responsabilizara ni al PSOE, ni al Gobierno en su conjunto
y mucho menos a las Ministras que dirigían ese Departamento.
En noviembre de
2010, un padre desesperado de Hospitalet
a punto de ser desahuciado, fue (creo), el primer caso que los medios
publicaron de un suicido vinculado a perder la casa. Nadie echó sobre el PSOE
las culpas de tal tragedia, ni siquiera cuando se
demostró que ese hombre reclamó al Ayuntamiento (dirigido por el luego
Ministro, Sr.Corbacho) ayuda y obtuvo el silencio y la negativa por respuesta.
Hoy, con un nuevo Gobierno del
PP, esa práctica ha vuelto a la primera línea. La practica una izquierda
radical que no conoce la decencia, una izquierda mediática para la que “todo
vale” si es para dañar a una opción política con la que no están de acuerdo, incluso – y esto es lo más sangrante
– quienes en los años de Gobierno de Zapatero pasaron por diversas
responsabilidades en los temas que aquí se tratan, y hoy siguen en la política
o la cuentan, contribuyen con juegos de palabras cuando no con denuncias
veladas, a señalar al Gobierno y al PP, como responsable de muertes de seres
humanos.
Por desgracia siguen muriendo
mujeres a manos de sus parejas. No diré demasiadas, porque sólo una ya es un
fracaso colectivo. Pero ha quedado demostrado que las leyes publicitarias, por
muy buenos intereses que tengan, por sí solas no son suficientes. Pero hoy, la
acción del Gobierno, nuevamente vale como argumento para culpar al mismo y,
concretamente a su Ministra, de lo que es responsable el malnacido que lo hizo.
Y finalmente, ante un drama como
es el de las familias desalojadas de sus casas por impago, desde determinados
ámbitos se tacha al PP de criminal (qué orgullo mostraban
algunos al convertir #PPcriminal en TT) y se le hace responsable de quienes desesperados
acaban con sus vidas ante esa situación. Se puede criticar, se debe criticar.
Pero señalar, amenazar, llamar asesino o tildar de criminal a quien no piensa como tú me
recuerda al fascismo nazi y a esa práctica etarra de señalar con dianas a
políticos constitucionalistas.
Se podrá estar de acuerdo o no
con las medidas, incluso es legítimo querer ir más allá de lo que el gobierno o
el parlamento legislen. Pero lo que es un hecho es que este drama de los
desahucios no es de ahora, que la desesperación de muchas familias no ha
surgido de la nada, y que la terrible decisión de acabar con la vida de uno,
empezó en 2010. Eran los tiempos en los que Zapatero
rechazaba la dación en pago, y veníamos del orgullo socialista de la
Ministra Chacón de abrir
más juzgados para agilizar desahucios. Y lo que es un hecho es que, quien
está tomando las medidas sociales para paliar este drama, tratando al mismo
tiempo de no cargarse la sostenibilidad del sistema hipotecario español –como algunos
irresponsablemente quieren- , es el
Gobierno del Partido Popular.
Creo que en política no todo
vale. Y que algunos interesadamente tratan de tensar la cuerda no sé bien con
qué objetivo. De una parte de esta izquierda
es entendible, porque siempre habrá alguien (a izquierda y derecha) que no
respete las reglas del juego, y que pretenda deslegitimar a todo aquel que no
siga sus posturas por muy minoritaria que sea la misma.
Pero otra parte, pretendiendo
recoger nueces mientras otros azuzan el árbol, está teniendo un comportamiento
lamentable e impropio de quienes dicen defender la democracia.
Allá cada cual con sus conductas
y comportamientos personales. P,D. No pensé que, tan pronto, alguien más se sumaría a esta indecente carrera. Tenía que ser el inefable INVICTUS, Tomás Gómez, Secretario General del PSOE-Madrid quien ha dado a entender que ha podido morir gente por culpa de la externalización de servicios en la Comunidad de Madrid y, por tanto, dando a entender que esos muertos son responsabilidad del PP.
Los ataques contra diversas Embajadas
de EE.UU, incluyendo el asesinato de su Embajador en Libia y el incremento de
las tensiones en Oriente Medio, parecen haber quitado la venda de los ojos a
muchos bienpensantes occidentales (quizá yo debiera incluirme entre ellos).
Aquellas movilizaciones y derrocamientos de regímenes entre otoño de 2010 y
febrero de 2011 en Túnez, Siria, Libia, Yemen, Líbano o Egipto contaron con un
prudente silencio de la UE y un cauteloso apoyo de EEUU. Parecía que era una
oportunidad que no podíamos dejar escapar porque, en teoría, el espíritu de
aquellas movilizaciones era una apertura hacia sistemas basados en la libertad,
la convivencia y el respeto a los derechos humanos. Al menos eso era lo que nos
decía, al menos eso era lo que millones de jóvenes pensaban en aquellos países.
En lo que nadie reparó, parece, fue en las consecuencias de todo aquello si
salía mal, en si iba a ser peor el remedio que la enfermedad y, sobre todo,
quienes estaban realmente detrás (aparte del inocente y apasionado apoyo
social) agitando esas revoluciones. Pasados dos años, nadie puede decir que
occidente, a diferencia de otras ocasiones, haya entrado allí tratando de
imponer nuestro modelo de civilización, sino que, más que nuca, se les ha
dotado de los instrumentos para que en el ejercicio de su autonomía, pudieran
construir nuevos sistemas políticos en los que imperara el Estado de Derecho y
la Libertad. Y pasados dos años nos hemos despertado viendo como quienes
ostentan el poder en algunos de esos países ejercen el poder de manera
autoritaria sobre la base del islamismo más radical y como en otros ante la
debilidad de sus autoridades, tribus y grupos organizados practican el terror,
el chantaje y la amenaza. La pregunta obligada es si sus ciudadanos hoy tienen
más derechos y viven mejor que hace dos años. Y la respuesta evidente, incluso
para quienes más pudiéramos detestar esas dictaduras o esos regímenes más o
menos autoritarios, es que no. Incluso parte de esa izquierda occidental que
miraba con entusiasmo estos movimientos, reconoce que se han perdido los escasos
avances que, incluso en esos regímenes, se habían producido. ¿Era el objetivo
de tanto apoyo y entusiasmo dar el poder a los Hermanos Musulmanes?
Es innegable que aquellos
movimientos, junto a una realidad nacional que no voy a negar, fueron fuente de
inspiración para quienes impulsaron, fomentaron y apoyaron lo que aquí en
España se denominó “Movimiento 15-M”. Sin duda un movimiento de esa magnitud debía
ser escuchado y tenido en cuenta, pero a diferencia de la primavera árabe, aquí
hubo quien trataba de deslegitimar un sistema político e institucional que precisamente
allí servía de espejo para sus movilizaciones. Cientos de miles de personas en Oriente
Medio se movilizaban ante los ojos de ciudadanos y medios europeos (españoles) buscando
algo similar a lo que aquí dichos ciudadanos deslegitiman.
Desde que comenzaron esos movimientos
en España siempre he mantenido la misma idea. Tenemos el mismo sistema (con
ventajas e inconvenientes) que teníamos hace 10 o 15 años, cuando nadie se
planteaba todo esto. El surgir de estos movimientos en España no se puede
disociar de un agravamiento de nuestra crisis, incremento del paro, pérdida de
calidad de vida y de oportunidades, e importantes riesgos de fractura social y
desigualdades, y esos movimientos tampoco podían disociarse de la respuesta que
el Gobierno de entonces dio a dicha crisis. Por lo tanto, el problema no era el
sistema, sino el Gobierno. Y hubo quien aprovechó para, tratando de diluir sus
propias responsabilidades o las responsabilidades de a quienes venían aplaudiendo
y jaleando, alimentar ese mantra de que había un problema endémico en nuestro
sistema, en nuestros políticos o en los partidos.
Pero no me interesa en este post
analizar el origen del 15M, si son o no fundadas algunas de sus
reivindicaciones, o tienen razón quienes creen que ciertos aspectos de nuestro
modelo deben ser revisados. Sólo diré que aquel debate hoy sigue presente en la
mente de quienes pertenecemos a un partido político, que nada es inmutable y
que siempre es positivo revisar, hacer introspección y ver en qué nos hemos
equivocado y cómo podemos mejorar, sobre todo para seguir gozando del mejor
sistema político que España ha tenido en su historia y que ha proporcionado la
mayor etapa de estabilidad y convivencia. Eso es una cosa, y deslegitimar el
todo es otra.
Y es en eso en lo que gran parte
de aquel movimiento ha degenerado.
La difícil situación económica
por la que atraviesa España obliga a los gobernantes a tomar decisiones a veces
muy duras, y son tan graves algunos de los problemas que afrontamos que es obligado,
precisamente, revisar, algunos aspectos y parte de nuestra estructura, de
nuestro sistema económico y social, para salir más fuertes de esta crisis y,
como país, estemos mejor preparados para afrontar crisis futuras. Es en eso en
lo que está el Gobierno de España, receptor de la peor herencia que un Gobierno
democrático ha tenido en España, y determinado a tomar cuantas medidas sean
necesarias para salir de la crisis, tratando de ser equitativos en los ajustes,
intentando que nadie se quede tirado, y sentando las bases para una economía
más fuerte que la que hoy tenemos.
Yo confío en que acierte, y la
esencia de la democracia, de las democracias occidentales basadas en la
representación política es esa. Podrán acertar o no, algunos confiamos y otros
no, una gran mayoría les votamos y otros no, pero afortunadamente tenemos un
sistema político que somete a los Gobiernos al control parlamentario y, sobre
todo al control de los ciudadanos, que los ponen o quitan en el libre, repito,
libre ejercicio de su derecho a elegir quienes quieren que les representen. Es
decir, quienes legítimamente hoy representan a los ciudadanos dueños de la
soberanía, son sus representantes en las Cortes, Parlamentos Autonómicos y
Ayuntamientos. Y no es una creencia basada en valores sino que, mientras no se
demuestre lo contrario, es la constatación empírica de una voluntad expresada en
votos y cuantificada en representantes. Y por tanto, aun siendo tenidas en
cuenta y respetadas, ninguna asamblea, expresión o manifestación espontánea o
no, tiene más legitimidad que el voto de un ciudadano y las instituciones
representativas consecuencia de ese voto.
Desafortunadamente hay quien no
lo entiende, o quien lo entiende y no lo respeta. Lo lamentable es que haya
quien entendiéndolo y no respetándolo, pretenda subvertirlo sobre falsos
pretextos.
Aunque ese movimiento no goza de
la fuerza y aceptación que en sus orígenes, parte del mismo sigue presente y se
ha radicalizado. Y sin negar que se estén produciendo ajustes que afectan a la
vida de las personas, las reformas de nuestro sistema impositivo, la reducción
del gasto, los ajustes en servicios sociales no esenciales, pretenden utilizar
esos ajustes como excusa para radicalizarse aún más. A la vuelta de la esquina
tenemos lo que llaman “25S Ocupa el Congreso”. Es más de lo mismo pero ya sin
caretas, alimentado y jaleado por aquellos que incitan a deslegitimar a los legítimos
representantes de los ciudadanos. Últimamente parece que a algunos bienpensantes
de la progresía española les ha entrado el vértigo porque a esa radicalidad
protagonizada por extrema izquierda, se les están uniendo algunos sectores
desde el extremo opuesto. Ellos tratan de diferenciarlo, pero es lo mismo.
Extremistas y radicales haciendo
uso de las más elementales técnicas de populismo pretenden aprovecharse de un cierto
descontento ciudadano (legítimo descontento) por la situación actual. Antisistemas
que se llenan la boca hablando de democracia y pretenden acabar con el 100% de
nuestro sistema elegido, este sí, de manera libre y democrática por los
ciudadanos (no es una opinión, basta con leer sus manifiestos). Y altavoces
mediáticos que repentinamente muestran una supuesta preocupación por la salud
del sistema o por el estado del enfermo en pleno proceso de quimio, mientras
callaban cuando no aplaudían, en los años en los que el paciente iba agravando
la enfermedad.
Sin duda quienes tenemos
responsabilidades políticas, partidos y gobiernos, anteriores y actuales,
tenemos nuestra cuota de responsabilidad. No creo que nadie la niegue. Y si
toca defender las bases de nuestra democracia, y hacer un esfuerzo pedagógico y
explicativo de la actual situación, de las reformas y de las consecuencias de
no llevarlas a cabo, sin duda habrá que
hacerlo. Pero flaco favor hacen a la democracia que dicen defender quienes,
desde dentro o fuera de la política, promueven, justifican y apoyan movimientos
carentes de legitmidad, que se esconden en el anonimato de las redes y que
claramente tienen como objetivo acabar con la democracia que tanto costó
conseguir a generaciones anteriores.
Vivimos en una democracia, que
como se dice es el mejor sistema dentro de todos los imperfectos sistemas
políticos. Pero es una democracia, real, consolidada, libre y basada en la ley.
Algo, afortunadamente, muy diferente a lo que vemos en Oriente Medio. Ante la
pretendida voluntad de algunos de calentar un otoño, bajo la excusa de legítimas
protestas o descontentos por la situación económica y las medidas que el Gobierno
se ve obligado a tomar, conviene no olvidarlo.